Esta estúpida manía que tengo
de mostrarme
translúcida,
vítrea,
diáfana,
transparente.
Debería haber seguido
cubriendo mi cuerpo
con la enmarañada telaraña
confeccionada
con la seda que desprendo
desde mi propio abdomen.
Trucos que conocí
cuando necesitaba protegerme de ti.
En esa época, también aprendí
a convertirme
en mota de polvo,
en leve corriente de aire,
en sombra invisible.
Hasta que descubriste mis trucos.
De un manotazo, me apartabas,
de un portazo, volaba,
de un fogonazo de luz, volvía a ser visible.
Cuando ya no era nada,
me devolviste al lugar
en el que me habías hallado.
Pero no he aprendido la lección.
Sigo mostrándome como soy
a la espera de nuevos depredadores
que, como tú,
me claven su aguijón,
me diseccionen
y
pinchen mis alas,
con pequeñas alfileres,
para tenerme solo a su merced.
Y no creo que
en lo que me reste de vida,
tenga tiempo de cambiar.
Así que aquí sigo, diáfana,
sin haber aprendido aún
a levantar un muro de amor propio
que me permita resguardarme
de cazadores de corazones
que se alimentan
del dolor que provocan
a los que han quedado
descorazonado para siempre.
Photo by Ziquian Liu

No hay comentarios:
Publicar un comentario