Si, alguna vez nos queremos,
tendremos
que
jurarnos
un tratado de no invasión.
Nosdebemos
un espacio aislado del mundo
en el que podamos ser nosotros mismos,
sin contaminaciones,
sin intrusos,
ni invasores.
Que nuestros brazos
no sean alambres de espino,
sino resguardo y cobijo.
Que nuestros ojos nos descubran,
nuestros besos nos recorran,
nuestras manos nos hablen,
nuestros sexos se confiesen.
Pero debemos olvidar
los gritos y las lágrimas.
Corremos el riesgo
de que uno de los dos se harte
y
lo que ahora parece,
por momentos,
un sueño
se convierta en la más destructiva pesadilla.
Dejémonos llevar
por la parte iluminada de la luna
y, la otra, la oscura,
será nuestro secreto escondite
cuando necesitemos refugiarnos
de nosotros mismos.
Photography unknown

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