.Alice in Wonderland.

"Me doy a mi misma buenos consejos pero rara vez los sigo"...
(Alice in Wonderland)

domingo, 8 de enero de 2017

"EL BARCO DE LA LOCURA" (M.A.M.)

Porque
no soy una,
porque
soy muchas.
En mi conviven tantas
como yo,
pero distintas en su esencia,
y
puedo pasar
en un segundo,
de la risa más estruendosa
una siniestra oscuridad
en la que quisiera sumergirme
y
no salir jamás.
Aunque me lo proponga,
y
juro que lo hago,
soy incapaz de caminar
en linea recta,
con la mirada fija
en un lejano
horizonte.
Mi sendero está salpicado
de ángulos
cuyas bisectrices varían,
con cada paso 
que
avanzo.
De círculos
de varios diámetros
en los que,
a veces entro,
y retrocedo
y, sin quererlo,
me subciona el pasado,
ese del que me arrepiento,
aquel que me recuerda
lo estúpida
que puedo llegar a ser.
Y me enerva
no encontrar nunca
algún agujero
por el que introducirme
y
reptar hasta localizar
el paraíso 
de mi infancia.
Mis ojos,
a veces, las menos,
brillantes,
pasan a convertirse,
en tan solo un parpadeo,
en resecos mares de sal
tras cataratas de lágrimas
que
comienzan a fluir
por tan solo 
una mirada
o
una palabra
de esas que quiebran
el alma.
Mis manos, grandes
conocen
el reposo
pero,
en menos de un segundo,
comienzan a temblar
de tal manera,
que,
todo mi cuerpo se estremece
y
me enfado,
y
me odio
porque no puedo controlar
esos extenuantes
movimientos
que llegan hasta mi boca,
consiguiendo
que
mis dientes 
choquen entre sí,
toc, toc, toc,
y
aunque
apriete mis labios
con fuerza,
siguen y siguen
hasta que mis mandíbulas
desconocen
el lugar
en el que se encuentran.
Mi estómago,
alguna vez sosegado,
pasa a ser habitado
por enormes jaurias
de gatos rabiosos
que
logran
que me doble de dolor
tras cada una de las dentelladas
que
con saña me dan
para alimentarse
de mis entrañas.
Mi cuerpo, pequeño
sin formas de mujer,
puede tensarse
y destensarse
en décimas de segundo
tras leer una palabra,
escibir un poema,
o
recordar la voz lejana
de alguien
a quién un día amé.
Pero, 
si hay algo a lo que no acabo
de acostumbrarme
es
que mi mente,
en ocasiones,
las menos,
me otorgue una tregua
de tranquilidad,
de sosiego
y
sin conocer el motivo
llame a gritos
a todos mis miedos
que, sin dudarlo,
me habitan
obligándome a esconderme
de mí misma.
me encojo,
doblo mis piernas,
apretándolas con fuerza
con mis brazos
e
introduzco mi cabeza
en la pequeña oquedad
que queda.
Por todo ello,
porque no soy una,
porque soy muchas,
te pido 
por favor
que pienses
si deseas compartir
conmigo
el barco de la locura.

Photo by Luciana Urtiga






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