.Alice in Wonderland.

"Me doy a mi misma buenos consejos pero rara vez los sigo"...
(Alice in Wonderland)

lunes, 5 de octubre de 2015

"MUDANZA" (M.A.M.)

Deseo acabar cuanto antes, la mudanza de mi vida.
Guardo, en una caja, platos y tazas, cuchillos y tenedores.
En otra dispongo, cuidadosamente, los vasos en los que, durante años, bebimos agua, 
todo ello envuelto cuidadosamente en sonoros plásticos de burbujas,
esas que te ponían nervioso cuando yo las explotaba. 

Encuentro, por sorpresa, las dos copas de vino que compramos, ¿te acuerdas?,
durante nuestro viaje a Italia y, en un pequeño baúl, escondido,
aparecieron, ¡por fín!, las fotografías que juntos nos hicimos, felices, 
durante la semana que pasamos en Nicosia y que tanto tiempo estuvimos buscando.

Voy descolgando nuestros cuadros, todos ellos con su historia.
Por cada uno que quito de la pared, una lágrima derramo.
El mar cantábrico lo pintaste una mañana de marzo, muy temprano
y mi retrato, desnuda, una noche que yo dormía y tu eras incapaz de conciliar el sueño.

De las estanterías caen, como hojas otoñales, los libros que leímos.
Nos gustaba que uno de los dos leyese, mientras el otro escuchaba,
tendidos en nuestro sofá, aquel de piel marrón chocolate,
¡tan blando!, que daba la sensación de querer engullirnos a los dos, juntos.

Abro nuestro armario y doblo cuidadosamente
las sábanas que nos envolvieron, las mantas que nos taparon.
Recuerdo cómo me gustaba meterme en la cama y que estuvieras esperando,
transformando tus brazos en acogedoras almohadas y tu respiración en la mejor de las nanas.

Ya no puedo más, la melancolía me hiere, la tristeza me mata.
Debajo de tu silla de trabajo aparece, sin yo esperarlo, tu mechero y
junto a él un pequeño paquete de papel de fumar, ese en el que envolvías
con sumo cuidado, el tabaco que nuestros amigos te traían de La Habana.

Las fuerzas me flaquean, mi corazón se acelera cuando veo una caja escondida,
con cuidado, tras una torre de papeles que guardaban tus poemas y relatos.
La abro con cuidado, con el miedo que provoca lo inesperado, y encuentro
tu carta de despedida, esa que nunca me diste porque ya te habías marchado.





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