.Alice in Wonderland.

"Me doy a mi misma buenos consejos pero rara vez los sigo"...
(Alice in Wonderland)

lunes, 24 de agosto de 2015

"Tomates, chocolate, gaviotas...y máximo placer" (M.A.M.)

¡Por fin he terminado!...pensé que jamás finalizaría este tedioso reportaje sobre la proliferación de las gaviotas y la molestia que ocasionan a los turistas que visitan nuestras playas. Dos páginas para el suplemento dominical. No soporto la sensación de escribir para rellenar espacios vacíos o para que sirva de soporte a la publicidad que, realmente, es lo que mantiene en pie al periódico.

-¨Hasta el lunes, Luis. Me muero por llegar a casa y desconectar".

-"¿No te apetece tomar algo?. Mañana no "curramos" y me vendría bien una copa".

-"Lo siento, Luis, tengo muchas ganas de estar sola. Otro día será".

Ah, no me he presentado. Me llamo Sara, tengo 45 años y, desde hace cinco, estoy divorciada. Trabajo en un periódico como redactora desde hace ya demasiado tiempo. No tengo hijos pero comparto mi vida con una pareja de gatos que esperan mimosos mi regreso a nuestra casa.

Está mal que yo lo diga pero lo cierto es que me siento muy satisfecha conmigo misma. Físicamente aparento diez años menos algo que utilicé durante los tres años posteriores a mi divorcio, una época de auténtica locura. Enlazaba relación tras relación, sin pausa, como si desease vivir aquello que no había conocido en mi juventud pues me casé demasiado joven con mi primer y único novio, algo de lo que me arrepentiré siempre.

Ahora, por fin he empezado a disfrutar de mi soledad.

Debo acordarme de pasar por el centro comercial antes de que cierre. No tengo nada para cenar y esta noche me apetece darme algún capricho...Ummmm, ya sé, prepararé una maravillosa ensalada acompañada de un vino blanco bien frío".

-"Buenas noches, Sara. ¿Necesitas ayuda?...¿Pero cuántos tomates has comprado?".

Este portero es inaguantable. ¡No se puede ser más cotilla!...Aunque es cierto que he comprado casi tres kilos de tomates pero, no he podido resistirme...tan redondos, tan rojos, tan duros...

Ya he guardado la compra pero no tengo hambre. Me apetece un baño de agua muy caliente, necesito relajarme. Tengo un problema; desde mi divorcio estoy atada a los ansiolíticos. Logré deshacerme del muermo de mi marido pero ahora no puedo pasar sin mis "amigas azules". En fin...no todo puede ser perfecto.

Mi cuarto de baño es uno de mis particulares rincones para el placer y el deleite. Realmente, este piso parece haber sido construído pensando en mí. En cuanto lo vi me enamoró...un ático con una coqueta terraza, repleta de plantas, ajena a cualquier mirada, lo que me permite tomar el sol desnuda. Techos altos, espacios diáfanos, paredes blancas, grandes ventanales y el tamaño exacto para sentirme tranquila y segura. Ah!, no lo he dicho, vivo en Barcelona, en pleno Paseo de Gracia y apenas a cien metros de donde hace ya mil años estaba la academia de ballet a la que asistía de joven, ahora convertida en un sofisticado gimnasio al que acudo siempre que puedo.




Bien, ya está listo el baño...he añadido al agua un aceite de rosas, encendido una velas aromáticas, dispuesto una copa de vino blanco bien frío y, como banda sonora, uno de mis clásicos, el disco "Tea for Two" de Sthane Grapelli junto a Yehudi Menuhin, jazz clásico y cadencioso. Me sumerjo en la bañera y cierro los ojos...antes de que el agua se enfríe, me apetece un poco de placer...solamente cruzando las piernas con fuerza ya experimento un suave gozo que se incrementa si me ayudo de la ducha, dirigiendo el chorro de agua justo ahí...si, ahí. Es extraño, durante mi matrimonio hubo momentos en los que legué a pensar que era frígida.

-"¡Cómo me gustaría sentir lo que tu sientes cuando tienes un orgasmo!". le dije en multitud de ocasiones al que entonces era mi marido.

-"Eso es imposible...las mujeres sois más sutiles, yo añadiría que más complicadas o menos primitivas que los hombres", me respondía siempre él.

Tras mi divorcio, durante mis tres años de "locura", conocí por primera vez lo que era llegar al máximo placer con la primera de mis relaciones. Era un actor de teatro, diez años mayor que yo, al que conocí durante una entrevista. Esa misma noche, lo hicimos en su casa tras un par de copas. Yo pensé que la razón podía haber sido el alcohol que siempre me ha desinhibido pero cuando lo hicimos por segunda vez, a la mañana siguiente, volví a sentir lo que nunca había sentido y puedo asegurar que en ese momento estaba absolutamente sobria.

Tras el actor vino un escritor, un profesor, un economista, un escultor, un colega de profesión, un amigo de mi ex y con cada uno de ellos exploraba nuevos caminos, descubría sensaciones...lo cierto es que fue muy divertido, gratificante además de positivo para mi autoestima pero llegó un momento en el que me cansé. Llevo dos años sola, feliz, disfrutando de mi independencia, de mi libertad...

Tras el baño, unté todo mi cuerpo de crema con olor a polvos de talco, hidraté mi cara, pasé mis dedos por mi corto pelo y me puse un albornoz blanco que no abroché porque aún conservaba el calor del agua.

Me dirijo a la cocina donde me esperan los tomates que había comprado un par de horas antes. Son unos tomates rojos, duros, jugosos. Tras lavarlos, los corto por la mitad disponiendo en cada parte un poco de sal y uno chorro de aceite de oliva...me sirvo un poco más de vino blanco y salgo a la terraza a cenar.



Aquellos tomates eran lujuriosos en la forma y en el sabor...pedían no ser mordidos. Introduzco en mi boca una de las mitades que, con la presión de mis labios se deshace, suavemente,  traduciéndose en una catarata de sensaciones...así, un pedazo tras otro acrecentándose el placer gustativo, acompañado de pequeños sorbos de mi frío vino blanco. Ya he terminado... me recuesto sobre mi hamaca, semidesnuda, contemplando la luna al cobijo de miradas indiscretas...

Mi cuerpo me pide un poco más de placer. Saco del congelador helado de chocolate negro; tras depositar una buena cantidad en una copa, lo como con la ayuda de mis dedos...noto como se deslizan por mi garganta...Quiero más. Mi mano toma vida y suavemente acaricia mi cuello, mi nuca, mis pechos hasta que...


-"Luis...por Dios...¿qué quieres a estas horas de la noche?-

-"Lo siento, Sara, te faltan dos líneas de texto..piensa algo rápidamente pues necesitamos cerrar ya el periódico...¡es muy tarde!-

-¡No me fastidies!, Luis, ¿no puedes inventarte algo tú?".

-"Perdona, Sara...yo soy el redactor de cierre pero tú eres la autora del reportaje sobre la proliferación de las gaviotas así que piensa algo y llámame en menos de cinco minútos"-


"Cae la tarde sobre la playa y va desapareciendo por el horizonte un sol que parece estar ya cansado de tantos meses de verano. Se van apagando los últimos rayos de luz, suficientes para resaltar la silueta de una joven gaviota que remonta el vuelo en busca de un mejor lugar para pasar la noche tras abandonar los turistas la arena de la playa".

                    

-"Luis, te mando el final del reportaje a tu correo...copia y pega..y vete a casa a descansar"-

-"Gracias, Sara. ¿Qué, te apetece ahora una copa?"-

-"No Luis; lo siento, no estoy sola...ya me entiendes. Nos vemos el lunes. Un beso".

-"Entiendo, otra vez será".

Regreso a mi hamaca donde me esperan mi helado, la luna y mis dedos que ansían la llegada de mi cuerpo para seguir con lo que ya habían empezado...¡Ah!...no he tomado el ansiolítico aunque creo que esta noche no voy a necesitarlo.






Cae la tarde sobre la ría del Bidasoa y va desapareciendo por el horizonte un sol mortecino. Se apagan los últimos rayos de luz, suficiente para resaltar la silueta una de estas gaviotas jóvenes, que remontan el vuelo en busca de mejor lugar para pasar la noche.Cae la tarde sobre la ría del Bidasoa y va desapareciendo por el horizonte un sol mortecino. Se apagan los últimos rayos de luz, suficiente para resaltar la silueta una de estas gaviotas jóvenes, que remontan el vuelo en busca de mejor lugar para pasar la noche.





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